Yo Náufrago...!
¡Yo, Náufrago…!!!
En nuestra vida siempre hallaremos instantes
inolvidables y dentro de ellos alguno que otro momento en el cine que nos dejó
una gran enseñanza, pero muchas veces no entendemos cual.
Cuando Tom Hanks protagonizó “El Náufrago”,
me dejó una gran sensación de haber aprendido algo, pero no sabía qué, ni para
qué. Tuvieron que pasar muchos años para entender que cada cosa complicada,
desgracias o desventuras que pasamos en la vida, no son más que un punto de
quiebre, un punto de reinicio o cambio que debemos afrontar de la mejor manera
y que la vida por más dura que parezca, siempre tendrá un telón guardado, listo
para abrirse y colocarte en un nuevo escenario, obligándote a brindar tu mejor
actuación. Depende de ti si al culminar el acto, logras que tu público te
aplauda, se ponga de pie y te ovacione, o simplemente te abuchee y se retire
decepcionado antes de que culmine la función.
El destino es así, y siempre te dará una
nueva oportunidad para demostrarte a ti, cuanto puedes contigo mismo, cuan
capaz eres de caer, levantarte y volver a levantarte las veces que sea
necesario.
Cuando la vida perfecta de Chuck Nolan en
la película, cambia de un momento a otro, te das cuenta que al igual que en la realidad,
estamos expuestos a perderlo todo en cualquier instante, incluso a nuestros
seres queridos y que muchos de los que anteriormente celebraban con nosotros, nos
olvidarán en un periodo de tiempo, más o menos corto, o que simplemente, nos
darán por muertos.
La etapa de la negación, de la
desesperación y la soledad les llega a muchos de diferente manera, algunas
veces pensamos que si volvemos a abrir los ojos todo pasará y volverá a ser
como antes, pero eso simplemente permanecerá mientras dure la luz de tu
linterna, para luego dar pase a la etapa de la resignación, al duro proceso de
reconocer que realmente estas solo, y que únicamente depende de ti, el
sobrevivir, reinventarte, sonreír y utilizar todos tus recursos y aprendizajes
para poder continuar, restaurarte, adueñarte de tu isla y transformarla o
dejarte llevar por las corrientes de la vida y probablemente morir luego de la
menor tormenta.
Si optas por lo primero, te darás cuenta que,
por necesidad, te convertirás en el mejor y más diestro cazador, tus sentidos
se agudizarán y verás cómo eres capaz de crear hasta fuego con tus propias
manos. Pasas de ser un simple espectador, a tomar el control de tu vida, ser el
hacedor y constructor de todo lo que quieres, lo que alguna vez soñaste, y que
en tu mente se guarda el secreto para construir todas tus ilusiones. Si decides
no hacerlo, es probable que termines en el común denominador de gente que
despierta pensando en lo que tiene que hacer y vuelve a dormir pensando que
hizo lo suficiente.
La vida nunca dejará de sorprenderte, y así
como la marea te trae cosas que no imaginaste tener, el tiempo te traerá muchas
personas invaluables, que llenarán tus espacios, tus momentos; amigos, familia
que se convertirán en tus “Wilson” y serán los que te ayuden en definitiva a
pasar el tumbo de las olas, cuando tomes la decisión de salir de “tu isla” para
enrumbar un nuevo camino.
Cuando esto pase, y empieces a alejarte de
esos lugares donde experimentaste los más obscuros momentos de dolor, angustia
y longanimidad contigo mismo, te darás cuenta que al igual que el océano, la
vida te ofrece un horizonte inmenso, lleno de desafíos y posibilidades, que, si
eres valiente y consecuente, aun cuando en el camino pierdas seres valiosos e
incondicionales, tendrás la oportunidad de disfrutar, ya que lo más importante
en cualquier historia siempre serás tú. Cuando eso pase y te conviertas en un
ser de luz que todos admiren y anhelen, sentirás el placer de haber hecho lo
correcto, que estás en el camino indicado y que todo lo demás, ahora solo forma
parte de tu pasado.
Sin darte cuenta, un día abrirás los ojos y
descubrirás que “La falta de continuidad, rompió el vínculo” incluso aquellos
que otrora se enorgullecieron de ser inquebrantables. Bajo esa ley vivimos,
bajo esa ley avanzamos y no quedará otra cosa que sonreír, agradecer siempre
por los momentos buenos que te alegraron la vida y por los malos que te dejaron
una enseñanza. Al final, al igual que tú, es obligación de cada uno, tomar la
vela de su propia embarcación y aventurarse a navegar por la vida, buscando
siempre llegar a buen puerto, en busca de la felicidad. Así me pasó.
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